Franco, faraón lagarterano

Luis Miguel Fuentes

Luis Miguel Fuentes

Traslado de los restos del dictador tras el aterrizaje del helicóptero en el Monte de El Pardo. EFE

España en una ceremonia egipcia, con desvendamientos y copones de sangre de polvo, con dioses barqueros transportando por el agua o por el aire un muerto que pesa como monedas, pesando también luego su alma, su corazón en madera maciza, como de un Corazón de Jesús egipcio, por si aún hay bien o mal ahí, donde en realidad sólo hay una colmena de gusanos y el negocio de los sumos sacerdotes de ojos almendrados y viles, el negocio de las almas, por donde empezó la política seguramente, en Egipto y aquí. Una ceremonia egipcia, en estos tiempos, con el muerto reviviendo de sus vasijas, de su arena de terrario, entre joyas de escarabajo y áspides como puñales curvos, entre trapos ensangrentados de barro y aceites. Franco, como un faraón lagarterano, o algo así. Quiero decir que Franco hacía mucho que no estaba tan vivo. Y eso es algo que sólo pueden hacer las religiones antiguas y Pedro Sánchez.

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